Edición Iberoamericana
Explorando el mundo de la comunicación

Global Media Journal

Edición Iberoamericana       

Volumen 2, Número 3

Primavera 2005

ISSN 1550-7521


 


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McLuhan es el mensaje

 

Octavio Islas 1
Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México

“Gente de las afueras, moradores de los suburbios de la historia, los latinoamericanos somos los comensales no invitados que se han colado por la puerta trasera de Occidente, los intrusos que han llegado a la función de la modernidad cuando las luces están a punto de apagarse -llegamos tarde a todas partes, nacimos cuando era ya tarde en la historia...” (Octavio Paz. Posdata ).


El 4 de junio de 2004, en Winnipeg, Canadá, el Congreso Anual de Ciencias Sociales y Humanidades, el Programa McLuhan en Cultura y Tecnología, y La Red Global de Investigación McLuhan (The McLuhan Global Research Network), celebraron el 40 aniversario de la publicación de la primera edición de Understanding Media: The extensions of man , tercer libro de Marshall McLuhan, 2 cuya primera edición en inglés fue publicada en 1964 por la editorial McGraw-Hill Book Co. En 1969 Editorial Diana imprimió la primera edición en castellano de La comprensión de los medios como extensiones del hombre, y en 2003 la editorial Ginko Press sacó a la venta la “versión crítica” de Understanding Media: The extensions of man, que hoy es considerado el libro más importante de Marshall McLuhan -aunque no precisamente su best seller-, a pesar de que ha sido traducido a 20 idiomas.

Herbert Marshall McLuhan nació el 21 de julio de 1911 en Edmonton, Alberta, Canadá. 3 En la Universidad de Manitoba estudió la licenciatura en Letras y la maestría en Artes. El título de su tesis de maestría –que aún no ha sido publicada como libro-, fue: George Meredith as a Poet and Dramatic Parodist. A los 31 años de edad se doctoró en la Universidad de Cambridge. El título de su tesis doctoral fue The place of Thomas Nashe in the learning of his time. En 1939 contrajo nupcias con Corinne Keller Lewis, de Fort Worth, Texas. McLuhan se desempeñó como catedrático en las siguientes universidades: University of Wisconsin at Madison (1936-1937); University of St. Louis, Missouri (1937-1944); Assumption College, Ontario, Canadá (1944-1946); St. Michael's College, y University of Toronto (Canadá) 1946-1979. Además fue director del Seminario en Cultura y Comunicación de la Fundación Ford (1953-1955); coeditor de la revista Explorations (1954-1959); director del Proyecto “Understanding New Media” de la National Association of Educational Broadcasters (NAEB) y la Oficina de Educación de Estados Unidos (1959-1960); miembro de la Royal Society de Canadá (1964); consultor de la Comisión Pontificia de Comunicación Social del Vaticano (1973). Nueve importantes universidades de Canadá y Estados Unidos extendieron importantes reconocimientos a Marshall McLuhan: University of Windsor (1965), Assumption University (1966), University of Manitota (1967), Simon Fraser University (1967), Grinnell University (1967), St John Fisher College (1969), University of Alberta (1971), University of Western Ontario (1972), University of Toronto (1977).

La primera edición de La comprensión de los medios como extensiones del hombre dio amplia y positiva notoriedad a Marshall McLuhan, particularmente en Estados Unidos y Canadá. La aguda metáfora “el medio es el mensaje”, admite ser considerada como una especie de lema de Marshall McLuhan, quien además anticipó la llamada “aldea global”:

McLuhan también introdujo la noción de aldea global, que describió como un mundo conectado gracias a los medios electrónicos. Afirmó que las transmisiones vía satélite y otros transmisores (el Sputnik había realizado una órbita completa alrededor de la Tierra en 1957 y la convirtió en el centro de un entorno dominado por los medios) habían hecho que la sociedad dejara de ser el mundo mecánico, objetivo, no implicado y visual de la imprenta para convertirse en un mundo electrónico que era inmerso, implicado, inmediato y acústico” (Horrocks. 2004, p. 12).

A finales de 1970 empezó a descender la popularidad de Marshall McLuhan en algunos círculos académicos e intelectuales estadounidenses. Jonathan Millar (1971:76) le acusó de una abdicación de la inteligencia política. Benjamín DeMott empleó el término “mclunatismo” para describir, no sin cierta ironía, la “utopía mcluhaniana”. De acuerdo con Christopher Horrocks:

La popularidad de McLuhan también descendió debido a su relación bastante ambivalente con la industria y los medios de comunicación. A mediados de la década de 1970, la fama de McLuhan había llegado a cotas máximas, y durante el resto de la década su popularidad e influencia se fueron debilitando. Había sobreexpuesto su obra en los medios de comunicación y se había convertido en una personalidad (apareció incluso en la película Annie Hall, del director Woody Allen, en 1977). A sus libros escritos conjuntamente con otros autores se dedicaron cada vez menos reseñas, y un clima político cambiante lo marginó. La gente encontró que McLuhan era demasiado oportunista; consideraron que se vendía con mucha facilidad, que estaba siempre dispuesto a aparecer por televisión y radio, y de algún modo empezó a formarse una aura negativa a su alrededor. Tal como añade Robert Fulford, McLuhan se propuso vender sus ideas a las empresas y a los gobiernos por dinero, y por ese motivo tenía que ser famoso; él quería ser famoso (Harrocks. 2004, p.p 21-22).

En América Latina no pocos académicos e investigadores de las ciencias de la comunicación menospreciaron las tesis de McLuhan. El radicalismo althusseriano era la ideología que entonces estaba de moda en escuelas de periodismo y comunicación. De acuerdo con esa corriente teórica, inspirada en las tesis del pensador francés Louis Althusser - tristemente célebre-, los medios de difusión colectiva estaban al servicio de la burguesía, y destinados a garantizar la efectiva reproducción ampliada de la ideología dominante y la reproducción ampliada de la calificación diversificada de la fuerza de trabajo. Para algunos de los principales seguidores de Althusser en América Latina, como el destacado investigador mexicano Javier Esteinou Madrid, en las formaciones capitalistas más avanzadas, los medios de difusión colectiva habían alcanzado la condición de aparatos ideológicos hegemónicos, desplazando a un segundo plano a la familia y escuela en la tarea de garantizar la efectiva reproducción ampliada de la ideología dominante y la reproducción ampliada de la calificación diversificada de la fuerza de trabajo.

En México, uno de los primeros cuestionamientos a McLuhan corrió a cargo del célebre escritor e intelectual Carlos Monsiváis, quien en Días de Guardar –su primer libro, cuya primera edición fue publicada en diciembre de 1970-, incluyó el texto “México a través de McLuhan. Proyecto de guión radiofónico a manera de sketch, homenaje al espíritu didáctico de la carpa”:

Marshall McLuhan. Síntesis tan breve como falsa como inevitable como rudimentaria: Marshall McLuhan, profesor y pensador canadiense. Sus teorías, acerbamente originales, sospechosamente aplicables a cuanto cabe entre cielo y tierra, se han difundido a través de un medio para él obsoleto: la imprenta. Sus libros básicos: (The Mechanical Bride, The Gutenberg Galaxy, Understanding Media, The Médium is the Message, War and Peace in the Global Village, Verbo Voco Visual Explorations) lo han situado bajo la peligrosa luz cotidiana de los mass media. Profeta de la era electrónica, se ha visto homologado con Einstein, descendido a farsante, ascendido a genio, rebajado a simulador”. (Monsiváis. 1988, p. 364).

La descalificación de todo esquema interpretativo contrario a las tesis del “althusserismo”, particularmente aquellas tesis que fueron estigmatizadas como planteamientos de corte "funcionalista", adquirió el carácter de constante en la enseñanza de las ciencias de la comunicación en muchos países de América Latina. E l investigador Miquel de Moragas, destacado catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, reconoce que el sensible menosprecio al pensamiento de McLuhan, respondía al dogmatismo ideológico entonces imperante:

El interés preferente por los aspectos ideológicos de los discursos sociales impidió a muchos analistas comprender la validez de las principales intuiciones de McLuhan respecto de los cambios en los usos de los medios, o respecto de las distintas relaciones culturales que pueden establecerse entre los medios y sus receptores (Moragas. 1997, p. 28).

En México apenas un reducido número de destacados académicos e investigadores de la comunicación, y principalmente de la comunicación organizacional, como el doctor Carlos Fernández Collado y Roberto Hernández Sampieri, infirieron la trascendencia del pensamiento de Marshall McLuhan en el desarrollo de las teorías de la comunicación. También a contracorriente con las líneas de investigación que acaparaban la atención de investigadores de la comunicación en México, el destacado publicista Eulalio Ferrer Rodríguez publicó algunos ensayos de McLuhan en la colección Cuadernos de Comunicación 4 .

La influencia del radicalismo althuseriano en América Latina se extendió a la década de 1990. En 1992, por ejemplo, Jesús Galindo Cáceres, investigador mexicano, afirmaba:

Los aparatos de difusión de masas convierten la ideología de la clase dominante en la principal ideología dominante del conjunto social. Los medios de comunicación producen, transmiten e inculcan colectivamente las diversas ideologías dominantes y sus subconjuntos ideológicos, que requieren las distintas clases y fracciones de clases, nacionales y extranjeras, para consolidar a partir de sus respectivos mecanismos y proyectos de fetichización de la realidad, sus múltiples programas de acumulación de capital. Se trata de producir la armonía social que requiere la dinámica de conservación de la formación capitalista, según sea el grado de consolidación en que se efectúa dicha operación. Los medios masivos de comunicación se han convertido en poco tiempo en las principales puntas de la hegemonía de las clases en el poder. Como aparatos ideológicos tienden a constituir dos áreas de influencia básicas, la del poder civil vía la publicidad y el consumo, y la del poder político vía la propaganda y la idea de la unidad y el orden sociales. (Galindo. 1992, p. 104-105).

Los cuestionamientos fundamentalmente ideológicos al pensamiento de Marshall McLuhan se extienden a nuestros días. El belga Armand Mattelart, profesor de Ciencias de la Información y de la Comunicación, en la Universidad de París-VIII, en dos de sus recientes libros: Historia de la utopía planetaria, e Historia de la sociedad de la información, ha denunciado la contribución del pensamiento de McLuhan al actual proceso de alfa “responde al propósito de imponer la visión cultural mediática de Estados Unidos como referente definitivo del estilo de vida global”:

La denominada cultura global va en búsqueda de los universales o coeficientes de agrupación de audiencias más eficientes. Este discurso sobre el mercado único de imágenes se basa en la capitalización de las referencias y de los símbolos culturales universalmente reconocidos. Si se observa una convergencia cultural de los consumidores o una confluencia de actitudes y comportamientos hacia un estilo de vida global, es porque antes hubo inversiones en educación del consumidor, destiladas a lo largo de los años por los anuncios publicitarios, las películas y los programas, sobre todo los de Estados Unidos, considerados como soportes naturales de universalidad. Esta alfabetización mediática con denominador planetario ha sentado las premisas de la aldea global que, evidentemente se recuperan de M.McLuhan (Mattelart. 1999, p.p 413-414).

En 1979 Marshall McLuhan sufrió un derrame cerebral. En sus últimos días además perdió el habla.

En 1980, el Centro para la Cultura y la Tecnología cerró por orden de la Universidad de Toronto, bien porque McLuhan no podía dirigirlo o, en opinión de Marchand, porque carecía de financiación (...) McLuhan falleció mientras dormía el 31 de diciembre de 1980, en la víspera de la década que anunciaba la mayor revolución mediática desde Gutenberg. No pudo presenciar la comercialización masiva del ordenador, en la cual el microprocesador, el chip de silicona, Bill Gates, Apple, Netscape y el módem inauguraron la era del PC, Internet, la Red y la realidad virtual. Tampoco pudo implicarse en los correspondientes debates de lo ciberpunk, lo poshumano, la teoría ciborg y la proliferación de cursos académicos sobre medios digitales (Horrocks. 2004, p.p 22-23).

2 Comprender a McLuhan. Después de Internet

“Hombre, él entendió Internet. El fue Internet en la década de 1960. Finalmente, el mundo se ha puesto a su altura”.
Robert Logan

A comienzos de la década de 1990, la comunidad sensible de Internet y destacados académicos e investigadores de la comunicación, principalmente de Estados Unidos, Canadá y Europa, advirtieron la necesidad de recuperar las tesis de McLuhan para explicar el formidable desarrollo que había registrado Internet y las comunicaciones digitales, en general. En 1993, por ejemplo, la revista Wired designó a Marshall McLuhan como “santo patrón” del mundo de la tecnología, el arte y la comunicación.

Para la nueva generación de académicos, periodistas y hackers suele calificarse el legado de McLuhan como si se tratara e una herencia religiosa o profética. Paul Levinson comentó: Los esbozos para comprender nuestra era digital estaban en el estante de los libros de McLuhan (Horrocks. 2004, p. 13).

Con notable claridad Marshall McLuhan anticipó el tránsito a la “aldea global”; afirmó que el medio es el mensaje; que las tecnologías admiten ser consideradas como prolongaciones de nuestro cuerpo y nuestros sentidos; que los medios de comunicación admiten ser comprendidos como tecnologías y extensiones de nuestro sistema nervioso central; que es posible distinguir entre medios cálidos y fríos. La definición de los datos que pueden ser transmitidos a través de algún medio, y el grado de participación de las audiencias para “completar” las insuficiencias informativas del medio, son los dos criterios fundamentales que permiten distinguir a los medios fríos de los calientes:

Alta definición es el estado del ser bien abastecido de datos. Visualmente, una fotografía es una alta definición. Una caricatura es una definición baja por la sencilla razón de que proporciona muy poca información visual. El teléfono es un medio frío o un medio de definición baja debido a que se da al oído una cantidad mezquina de información, y el habla es un medio frío de definición baja, debido a que es muy poco lo que se da y mucho lo que el oyente tiene que completar … los medios cálidos son de poca o baja participación, mientras que los medios fríos son de alta participación para que el público los complete ( McLuhan. 1977, p. 47) .

Con el paso de los años, el pensamiento de Marshall McLuhan se ha convertido en columna vertebral de una de las más importantes escuelas de comunicación: la “Media Ecology” (Ecología de los Medios), la cual, de acuerdo con Lance Strate, destacado investigador de la Universidad de Fordham, Nueva York y, actual presidente de la “Media Ecology Association” (MEA), también ha sido designada como “Escuela Norteamericana de Comunicación”, “Escuela de Toronto” o “Mediología” (Strate. 2004, p. 5) 5.

Neil Postman –quien fue destacado catedrático del Departamento de Cultura y Comunicación de la Universidad de Nueva York-, precisamente propuso el nombre de “Media Ecology” para designar a la escuela que recupera las principales tesis de McLuhan, en la cual, además de McLuhan y Postman, convergen pensadores de la talla de Joshua Meyrowitz, Edmund Carpenter, Elizabeth Eisenstein, James Carey, Walter Ong, Lewis Mumford, Harold Innis, James Morrison, Paul Ryan, Paul Levinson, Lance Strate, Eric Havelock, Susan Sontag y, por supuesto, Eric McLuhan -uno de los 6 hijos que procreó Marshall-. De acuerdo con Neil Postman: “la ecología de los medios estudia la forma como los medios de comunicación afectan la percepción humana, la comprensión, los sentimientos y los valores; y como nuestra interacción con los medios facilita o impide nuestras oportunidades de supervivencia” 6.

El retorno a McLuhan necesariamente nos obliga a replantearnos preguntas sobre la relevancia específica de su obra en relación con los actuales sistemas de información. El pensamiento de McLuhan hoy es considerado obligada referencia teórico- conceptual en el estudio de las comunicaciones digitales, el desarrollo de la “teoría de las interfases”, el estudio de Internet –“el medio de comunicación inteligente”- y, por supuesto, en el imaginario posible de la llamada “Sociedad de la Información”. De acuerdo con el destacado investigador estadounidense Steven Johnson, en la actualidad un gran número de nuestras comunicaciones ordinarias las realizamos a través de interfases inteligentes, las cuales desplazamos con nosotros a cualquier parte. Cada nueva tecnología de información transforma la forma como creamos y como nos comunicamos. E n La comprensión de los medios como extensiones del hombre es posible ubicar “radicales pronunciamientos” sobre el advenimiento de la era digital. Por ejemplo, en el primer párrafo del libro, McLuhan afirma:

Después de tres mil años de explosión por medio de técnicas fragmentarias y mecánicas, el mundo de Occidente entra en implosión. Durante las eras mecánicas prolongamos nuestros cuerpos en el espacio. Hoy en día, después de más de un siglo de técnica eléctrica, hemos prolongado nuestro propio sistema nervioso central en un alcance total, aboliendo tanto el espacio como el tiempo en cuanto se refiere a nuestro planeta. Estamos acercándonos rápidamente a la fase final de las prolongaciones del hombre, o sea la simulación técnica de la conciencia cuando el desarrollo creador del conocimiento se extienda colectiva y conjuntamente al total de la sociedad humana, del mismo modo en que ya hemos ampliado y prolongado nuestros sentidos y nuestros nervios valiéndonos de los distintos medios” (McLuhan. 1977, p. p 26-27).

Ilustres personalidades de las llamadas “comunidades sensibles de Internet” también reconocen a Marshall McLuhan como uno de los principales visionarios de la Red, y distinguen a La comprensión de los medios como extensiones del hombre, como obra clásica y de obligado culto. Alan Kay, por ejemplo –cuyo talento resultó definitivo para el desarrollo de Apple Computers, que concibió las computadoras Laptop y es considerado supremo arquitecto del lenguaje de programación Smalltalk, desarrollado por miembros del Grupo de Investigación del Aprendizaje (GIA), en el Centro de Investigación de Xerox, en Palo Alto, California; a comienzos de 1970 afirmó que gracias a la influencia de McLuhan, y particularmente a través de la lectura de La comprensión de los medios como extensiones del hombre, fue capaz de comprender a las computadoras como medios (Johnson. 1997, p. 50).

McLuhan consideraba al telégrafo como la “hormona social” que dio inicio a la velocidad instantánea en el movimiento de la información. Los paralelismos que es posible advertir entre la introducción del telégrafo y el advenimiento de Internet resultan sorprendentes. De acuerdo con McLuhan, el telégrafo introdujo la “era de la angustia”: “el hombre había iniciado una exteriorización o prolongación de su sistema nervioso central, que actualmente, con las emisiones vía satélite, se acerca a una prolongación de la conciencia” (McLuhan. 1997, p. 308).

En Business @ the speed of though. Using a digital nervous system , (Los negocios a la velocidad del pensamiento. Utilizando un sistema nervioso digital), Bill Gates recupera la referida metáfora de McLuhan para afirmar que en las organizaciones del nuevo milenio, los sistemas de Intranet, Extranet e Internet representan el “sistema nervioso digital”. Además Gates destaca que si la calidad, la excelencia y la reingeniería fueron los paradigmas de competitividad de las organizaciones durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, la velocidad será el paradigma de eficiencia organizacional de las organizaciones del nuevo milenio.

Paul Levinson, quien fue presidente de la Science Fiction Writers of America, miembro de la “Media Ecology Association”, y destacado investigador de la Fordham University, es autor de uno de los principales libros dedicados al estudio de la contribución del pensamiento de Marshall McLuhan al desarrollo de las comunicaciones digitales: Digital McLuhan. A guide to the information millennium. En La comprensión de los medios como extensiones del hombre, McLuhan ya había advertido que el narcisismo juega un papel determinante en la adopción de nuevas tecnologías: “Fisiológicamente hay abundantes razones para que una prolongación de nosotros mismos nos suma en un estado de embotamiento” (McLuhan, 1977, p. 69). Paul Levinson ha distinguido la presencia de una “brecha digital generacional”. Las ecologías culturales de los claustros de profesores y los estudiantes no solo presentan sensibles diferencias, en algunas ocasiones los ambientes comunicacionales resultan ser incompatibles y hasta excluyentes. Las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones forman parte del entorno cotidiano en el cual se desenvuelven nuestros estudiantes. Muchos de los dispositivos que ellos portan consigo son interfases inteligentes. Para ellos, la tecnología representa un principio de actualización y deviene en lógica extensión de la moda –en cambio en no pocas facultades de comunicación y periodismo de América Latina, para muchos académicos e investigadores de la comunicación, la simple posibilidad de reemplazar la vieja máquina de escribir por una computadora, todavía representa un auténtico choque cultural-.

El repertorio de temas asociados a Internet, cibercultura, comunicaciones digitales, sociedad de la información en los cuales han incursionado investigadores de la “Media Ecology”, partiendo de las tesis de McLuhan, es tan interesante como extenso. Gary Gumpert (Queens College) y Susan Drucker (Hofstra University) estudian el fenómeno del desplazamiento de energía desde la locomoción al ciberespacio; John Phelan (Fordham University) ha centrado su atención en las interfases; James Beniger (University of California at Annenberg) ha emprendido el análisis de la economía política del ciberespacio; Neil Kleinman (University of Baltimore) se ha dedicado a estudiar el futuro de los derechos de propiedad intelectual en la Red; Herbert Zettl (San Francisco State University), y Jay David Bolter (Georgia Institute of Technology) han centrado su atención en la realidad virtual; Mark Giese (The Pennsylvania State University at Hazelton) se ha dedicado a documentar el desarrollo de la Red, desde sus inicios como ARPAnet; Ronald Jacobson (Fordham University) estudia la reconfiguración del sentido de lo público y el acceso a la información a través de Internet; Joseph Barret (The Wall Street Journal) aspectos financieros de la economía digital; Terri Toles Patkin (Eastern Connecticut State University) posibilidades del ciberespacio como escenario de la ecología de la comunicación educativa; Michael Beaubien (editor de Enciclopedy of Molecular Biology and Biomedicine) l a conformación de etnias y organización de grupos humanos en la Red; Sue Barnes (Marymount Manhattan College) temas de ecología y psicología de los cibernautas; Margaret Cassidy (New York University) la fenomenología de la construcción de las “experiencias” en el ciberespacio; Stuart Moulthrop (University of Baltimore) la configuración del tiempo en Internet; Stephanie Gibson (University of Baltimore) las posibilidades pedagógicas del ciberespacio; Paul Lippert (East Stroudsburg University) la representación cinemática del ciberespacio; Judith Yaross Lee (Ohio University) semiótica de los lenguajes y códigos de las herramientas de comunicaciones de Internet; Philip Thompsen (William Jewell College) modelos de influencia social en la Red; Richard Cutler (Fordham University) tecnologías y desarrollo de relaciones humanas; Mark Lipton (New York University) cibersexo e identidad; Lance Strate (Fordham University) el sentido del cibertiempo; Derrick de Kerchove, director del Programa McLuhan de Cultura y Tecnología, y profesor del Departamento de Francés de la Universidad de Toronto, Canadá, es autor de por lo menos tres libros dedicados a emprender el estudio de fenómenos ciberculturales a través de las tesis de McLuhan.

En los años recientes, un mayor número de académicos e investigadores de la comunicación en Iberoamérica, afortunadamente han reparado en la importancia de conocer y discutir, sin descalificaciones de carácter ideológico, la obra y el pensamiento de Marshall McLuhan. Efectivamente es posible entender a los medios de comunicación como prolongaciones del hombre. Las avanzadas tecnologías de información y comunicaciones nos introducen en la sucesiva conformación de ambientes culturales. Cada nuevo medio de comunicación transforma la forma cómo creamos y nos comunicamos, modificando también al sistema de medios de comunicación que operan en el ambiente cultural vigente. Internet es la perfecta remediación de los medios anteriores.

La séptima sala del “Museo de la Comunicación” del portal Infoamérica [http://www.infoamerica.org] –el más importante de Iberoamérica en ciencias de la comunicación-, está dedicado al pensamiento de Marshall McLuhan, quizá por considerar su obra como auténtico parteaguas en el desarrollo de las teorías de la comunicación, e inaugurador de una nueva era: la edad de las comunicaciones digitales. La referida sala se encuentra en construcción, consigna la siguiente frase descriptiva: “El proceso de transformación social en un escenario sin fronteras. La sociedad de la información y del conocimiento. La red”. Las teorías necesarias para explicarnos las acciones comunicativas que es posible realizar a través de dispositivos inteligentes también representan un proyecto en construcción. El punto de partida naturalmente es McLuhan, quien falleció en Toronto, Canadá, el 31 de diciembre de 1980.

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Referencias WWW

Notas:

(1) Estudió la licenciatura en Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana; la maestría en Comunicación y Desarrollo en la Universidad Iberoamericana; la maestría en Administración de Tecnología de la Información en el Tecnológico de Monterrey; y el doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad La Salle. Es Director de la Cátedra de Comunicación Estratégica y Cibercultura del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, e investigador del Proyecto Internet. Coordina el grupo de investigación dedicado al estudio de Internet y la Sociedad de la Información en la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC). Coordinador editorial de las Colecciones de Temas de Comunicación y Temas de Cibercultura (CECSA-Grupo Patria Cultural); coordinador de los consejos editoriales de Razón y Palabra [http://www.razonypalabra.org.mx] y Revista Mexicana de Comunicación. Columnista de El Universal, Milenio ; miembro del consejo editorial de Reforma.com; miembro del comité científico de Infoamérica [http://www.infoamerica.org] y Sala de Prensa [http://www.saladeprensa.org]

(2) En 1951 Marshall McLuhan publicó su primer libro: The Mechanical Bride; Folklore of Industrial Man. New York, Vanguard Press. En 1962 McLuhan publicó su segundo libro: The Gutemberg Galaxy: The making of typographic man (University of Toronto Press).

(3) En el sitio oficial en Internet de Marshall McLuhan es posible consultar varias biografías autorizadas. Véase: [http://www.marshallmcluhan.com/main.html] Fecha de consulta: 10 de julio, 2004.

(4) Por ejemplo, en agosto de 1976, en el número 14 de Cuadernos de Comunicación fue publicado el ensayo “El norteamericano Extrovertido”, de Marshall McLuhan.

(5) Sobre la contribución de Marshall McLuhan en la construcción y el desarrollo de la escuela dedicada al estudio de la ecología de los medios, recomendamos consultar: Casey Man: “The Intellectual Roots of Media Ecology”. En The New Jersey Journal of Communication. Vol. 8. Número 1. Primavera de 2000, p.1-8.

(6) Véase: http://www.media-ecology.org Fecha de consulta: 1 de mayo, 2004.

 

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Octavio Islas

     


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Actualizado: 23/06/2008